Leer es lo que más me viene ayudando a sobrellevar el caos del mundo desde la pandemia hasta acá.
Siempre me gustó leer pero en algún momento me ganó el escroleo constante y me iba a dormir completamente estresada. Hasta que un día decidí que tenía que volver a leer como en la época en que internet no existía.
El libro que me prestó mi hermana, que recibió prestado de una amiga. Lo leí, me encantó y lo compré de regalo para mi amiga. La biblioteca de la amistad, la mejor de todas.
Leer como antes de internet quería decir:
en el subte, el colectivo, el tren ,las salas de espera, en el desayuno y antes de dormirme. Es increíble la cantidad de oportunidades de lectura que se cerraron por la aparición de un aparato que tenemos enchufado a la mano el día entero.
La biblioteca de mis padres, uno de los mejores lugares donde encontrar algo para leer desde que tengo la habilidad de hacerlo. "El hermano alemán" de Chico Buarque fue una de las lecturas que más me gustó de esta selección y que curiosamente no es uno de sus favoritos. Yo siempre había querido leer algo de él porque es uno de mis cantautores favoritos pero nunca me había cruzado uno de sus libros y gracias a la biblioteca familiar tuve la oportunidad.
Pero esto no es un berrinche contra la tecnología, porque el progreso tecnológico también trajo cosas buenas como los libros electrónicos que vinieron a salvar a las personas como yo, que tengo dificultades para leer con poca luz, y los audiolibros que pueden escucharse mientras hacemos otras labores.
La biblioteca Parque de la Estación ubicada a unas cuadras de estación Once es mi biblioteca pública favorita. No tiene un catálogo de búsqueda por lo cual no tiene mucho sentido ir a buscar algo específico. Lo ideal en este caso es ir con tiempo y revisar las estanterías hasta dar con ese ejemplar que nos da curiosidad. Aunque no es muy grande, cuenta con una buena selección de libros de ficción y diferentes temas como arte o feminismo. Las bibliotecas públicas, además, son depositarias de copias de catálogos de arte que no se consiguen en librerías. Asociándose (hay que presentar el DNI), se puede retirar tres libros por cada visita, en préstamo por un mes.
Encontrado el tiempo, el problema se trasladó a otro lado: el costo de los libros y la reducción de la plata disponible para comprarlos. Esta segunda trampa tenía que ser solucionada de forma práctica, igual que la primera.
Los libros electrónicos son una gran opción para la lectura nocturna y para quienes como yo son cortos de vista porque se puede agrandar el tamaño de las letras e iluminar la pantalla según se necesite. Además, los e-books suelen ser más baratos que las ediciones en papel y hay cientos de títulos de la literatura universal que son gratuitos además de textos en otros idioma que no siempre son fáciles de conseguir.
Entonces, pensé: dónde consigo libros gratis? Las primeras respuestas fueron: en las bibliotecas de mi familias y amigxs y en las publicas también, esos lugares donde el préstamo y la devolución son la monedas más valiosas.
IFIGENIA es una librería y café ubicada en el barrio de San Telmo que cuenta con una biblioteca enorme que se puede consultar y disfrutar mientras se se toma algo rico.
Lo interesante fue que, una vez planteada la situación y con la idea en mente de conseguir libros gratis, estos aparecieron solos: en el punto verde de mi barrio donde llevo los reciclables y los vecinxs dejan para regalar cosas que no usan (libros, por ejemplo) en la gente conocida que hace lugar en su casa y regala esos ejemplares que ya no quiere, en las mujeres de tu vida que saben que hay pocos regalos mas hermosos que un libro.
En el Punto de verde de la plaza de mi barrio los vecinos dejan libros que ya no usan y se pueden retirar gratis. La gran mayoría son manuales escolares y libros de inglés pero cada tanto aparece algún que otro buen libro de ficción. Vale la pena darse una vuelta para dejar los reciclables y chusmear la selección del día.
Así no solo se fue ampliando la posibilidad de acceder a la lectura sino que se volvió tanto más interesante porque leer empezó a incluir a muchas personas con las cuales comentar lo leído, recibir sugerencias interesantes y tener la posibilidad de expresar a otrxs lo que me provocó una lectura.
Hace unos días descubrí que en El Paraiso donde doy los talleres de dibujo, se habían acumulado unos libros en el rincón y cuando consulté de qué se trataba me dijeron que eran libros para prestar. Me pareció una iniciativa excelente y ya retiré uno para leer y devolver.
Centros culturales, clubes barriales y sociedades de fomento suele contar con bibliotecas. Vale la pena pasar y preguntar.
Un libro que saqué de un centro cultural de mi barrio. Todavía no lo leí pero me hace ilusión conocer la historia porque soy fanática de los temas que Gal Costa cantó para la versión cinematográfica (que dicho sea de paso, tampoco vi. Tengo muchos pendientes, se ve.
Espero con este breve posteo abrirles el apetito por la lectura. Y me atrevo a dejarles una pequeña recomendación, si la aceptan:
si les gusta leer ensayos pero a veces les abruma, está bueno intercalarlos con alguna lectura de ficción como para dar un descanso a la mente. A mi me funciona muy bien.