¿Dónde están los libros?


Leer es lo que más me viene ayudando a sobrellevar el caos del mundo desde la pandemia hasta acá.

Siempre me gustó leer pero en algún momento me ganó el escroleo constante y me iba a dormir completamente estresada. Hasta que un día decidí que tenía que volver a leer como en la época en que internet no existía.

Leer como antes de internet quería decir:

en el subte, el colectivo, el tren ,las salas de espera, en el desayuno y antes de dormirme. Es increíble la cantidad de oportunidades de lectura que se cerraron por la aparición de un aparato que tenemos enchufado a la mano el día entero.

Pero esto no es un berrinche contra la tecnología, porque el progreso tecnológico también trajo cosas buenas como los libros electrónicos que vinieron a salvar a las personas como yo, que tengo dificultades para leer con poca luz, y los audiolibros que pueden escucharse mientras hacemos otras labores.

Encontrado el tiempo, el problema se trasladó a otro lado: el costo de los libros y la reducción de la plata disponible para comprarlos. Esta segunda trampa tenía que ser solucionada de forma práctica, igual que la primera.

Entonces, pensé: dónde consigo libros gratis? Las primeras respuestas fueron: en las bibliotecas de mi familias y amigxs y en las publicas también, esos lugares donde el préstamo y la devolución son la monedas más valiosas.

Lo interesante fue que, una vez planteada la situación y con la idea en mente de conseguir libros gratis, estos aparecieron solos: en el punto verde de mi barrio donde llevo los reciclables y los vecinxs dejan para regalar cosas que no usan (libros, por ejemplo) en la gente conocida que hace lugar en su casa y regala esos ejemplares que ya no quiere, en las mujeres de tu vida que saben que hay pocos regalos mas hermosos que un libro.

Así no solo se fue ampliando la posibilidad de acceder a la lectura sino que se volvió tanto más interesante porque leer empezó a incluir a muchas personas con las cuales comentar lo leído, recibir sugerencias interesantes y tener la posibilidad de expresar a otrxs lo que me provocó una lectura.

Centros culturales, clubes barriales y sociedades de fomento suele contar con bibliotecas. Vale la pena pasar y preguntar.

Espero con este breve posteo abrirles el apetito por la lectura. Y me atrevo a dejarles una pequeña recomendación, si la aceptan:

si les gusta leer ensayos pero a veces les abruma, está bueno intercalarlos con alguna lectura de ficción como para dar un descanso a la mente. A mi me funciona muy bien.

Hasta pronto,

Cecilia

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