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Me gusta visitar jardines y siempre que puedo saco fotos. Uso luego esas imágenes como inspiración. No copio las flores tal cual, de hecho la mayoría de las veces no sé qué tipo de planta es ni su nombre. Me interesan sus particularidades, como por ejemplo la forma de una hoja, su textura, la manera en que un pétalo se enrolla o las nervaduras que la recorren, sus manchas, sus abultamientos, la topografía de los tallos. A partir de eso detalles construyo mis propias plantas imaginarias. En una visita relámpago a un jardín que he registrado a través de los años con distintos tipos de cámara fotográfica, intuí que no tenía sentido volver a fotografiarlo. Lo que sentí fueron ganas de dibujarlo, de mirar cada espécimen vegetal con tal detenimiento que fuera como observarlo por primera vez. Tampoco me interesaba ir cargada y tenía poco tiempo para quedarme, así que llevé una caja de lápices de grafito coloreado Derwent Graphitinty un cuadernito hermoso que me regaló hace algunos años mi amiga Coy. Fue interesante percibir cómo mi mirada cambiaba al tener en las manos un lápiz y un cuaderno en lugar de una cámara de fotos. Cuando fotografío, el modelo principal (en este caso las flores) comparten mi atención con todo aquello que las rodea. No puedo evitar pensar en la composición, en la luz, en lo que se enfoca y en lo que no. Esta vez, me concentraba en cualquier detalle que me pudiera resultar llamativo y lo plasmaba sin muchas vueltas. Fue en ese tiempo, mientras dibujaba, que comprendí que era muy importante ese primer dibujo en persona. Recordé mis años de dibujo con modelo vivo y la importancia que siempre tuvo ese primer planteo del dibujo, esos primeros trazos que se grababan en mi mano. La memoria muscular para el dibujo existe y se cultiva como cualquier otra: repitiendo una y otra vez aquello que queremos lograr. Es el recuerdo de esas primeras líneas lo que vuelve cuando intento dibujar, ya sin el modelo a la vista. Repetir esas líneas muchas veces me lleva a encontrar la forma final que busco y la importancia de la repetición se extiende a los patrones, a las formas que se reiteran y definen una flor, una hoja, un tallo. Descubrir esos diseños me lleva a poder recrear la sensación de una flor, la forma en que se despliega, el modo en que sus hojas rodean el tallo, su modo particular de ser.
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